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Había un
hombre que vivía sin poder ver. Cada día pedía ayuda y soñaba con ver la luz
del sol, los árboles, las flores…
Un día
escuchó que Jesús estaba en la ciudad. Con esperanza, se acercó con muchas
personas alrededor y levantó la voz: “Señor, que vea otra vez”.
Jesús lo
miró con amor y compasión, y extendió su mano. El hombre sintió algo muy suave,
como una luz que despertaba sus ojos.
Al abrirlos,
¡pudo ver! Vio los rostros de otras personas, los colores, el verde de los
árboles, y sonrió con alegría.
Esa sanidad
fue un regalo de Jesús, quien mostró su poder para transformar vidas y su
corazón para cuidar a todos.
Puedes
imaginar esa escena mientras coloreas esta lámina: Jesús y el hombre ciego,
juntos en un momento de milagro y cariño.
📖 “Y clamaban
diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!” — Mateo 20:30
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